Tiene nombre de restaurante vienés o centroeuropeo, aunque es indiscutiblemente chino por su comida. Y es uno de los restaurantes más tradicionales y reconocidos de Santiago, con medio siglo de presencia en la capital, primero en el centro de Santiago y desde 1980 en el Barrio El Golf. Pero no se ha conformado con marcar el paso: siempre está actualizando su oferta gastronómica e introduciendo innovaciones.
Conocí este restaurante en los años 60 cuando estaba en calle Merced, junto a otro local chino, el Cantón. Muchos creían que había alguna cocina compartida en la trastienda, porque la oferta de ambos era muy similar. Pero se trataba de dos negocios distintos, con dueños diferentes. Curiosamente, también eran bien diferentes algunos de sus más connotados clientes, pertenecientes a la clase política. A un local iban los de un lado y al otro, los de la vereda opuesta. Esta segregación no siempre correspondía a la tradicional división de izquierda y derecha. A veces se daba entre facciones enfrentadas de un mismo partido…
Ese primer Danubio Azul fue puesto en marcha en 1956 por el ciudadano chino Matías Chia Fan (o Matías Chiamil, como fue registrado su apellido en Chile), a partir de las instalaciones de un restaurante de cocina austríaca que había quebrado. Le cambió la decoración interior y la especialidad gastronómica, pero no el nombre, y así funcionó ofreciendo comida cantonesa hasta 1978, año en que el local resultó destruido por un incendio.
En 1980 Teresa Chiamil asumió la marca y, con la ayuda de sus hijos Peter y Giovanni Vanni, abrió un nuevo Palacio Danubio Azul. Con mucha visión, lo hizo en pleno barrio El Golf, en calle Reyes Lavalle 3240, cuando el sector recién empezaba a insinuar el desarrollo inmobiliario, hotelero y gastronómico que hoy lo caracteriza.
Decorado con elementos traídos de China, fue el primero de los grandes restaurantes instalados en esa parte de la comuna de Las Condes.
Con el correr de los años, su oferta culinaria fue cambiando en relación a la del desaparecido local. Sin renunciar a la línea original, los hermanos Vanni comenzaron a ofrecer una versión más americanizada de la cocina china que se ve en Occidente (de herencia principalmente cantonesa), incorporando las novedades y tendencias que Giovanni observaba en sus frecuentes visitas a restaurantes norteamericanos de la especialidad. También los salones fueron modernizados en los últimos años, reduciéndoles su excesiva chinoiserie.
Este espíritu innovador lo vimos, una vez más, en la carta del Palacio Danubio Azul lanzada hace unos días. Ahí estaban varios de sus platos más pedidos –algunos con toquecitos remozados– junto a otros enteramente
nuevos. La degustación fue un auténtico banquete chino, de esos que podrían durar días. Por degracia, tuvimos sólo un par de horas para dar cuenta de todo lo servido, y debimos dejar muchas exquisiteces a medio camino so pena de pasar una noche de sobresaltos por los excesos…
Entre los appetizers, destacamos un mix de masas prémium ($20.500), que alcanza para acompañar los aperitivos de varias personas. Trae siete especialidades (en dos docenas de piezas), entre ellas empanadas y wantanes de centolla, camarones dorados, ajíes rellenos y rolls de palta y queso crema.
Uno de los platos demandados de este restaurante es el mundialmente famoso y siempre delicioso pato Pekín ($20.100), también pensado para varias personas. Se sirve en dos tiempos (ver fotografía más arriba). Primero llega una bandeja con trozos laqueados de la piel del ave, más panqueques para envolverlos y tiras de cebollines y salsa hoisin para la sazón del conjunto. Luego se presenta la carne deshuesada del pato.
En la nueva carta hay numerosos platos con productos del mar que vienen acompañados con diversos salteados de verduras. Nos llamó la atención la sencillez del mero al vapor ($9.800), que se sirve con cebollines (¡omnipresentes en esta cocina!) y salsa soya o tausi a elección.
Los platos de pasta son una excepción en esta oferta, pero hay uno muy recomendable: ravioles de centolla ($10.200) aderezados con una salsa de cebollín y jengibre.
En fin, hay mucho donde elegir en el Palacio Danubio Azul de hoy, un restaurante que por la amplitud y diversidad de sus salones es ideal para reuniones de negocios y celebraciones. Además, nadie sale defraudado por su cocina: se come bien allí.