La viña González Bastías

Por Harriet Nahrwold - 11.03.2014

Estación ferroviaria González Bastías, en las cercanías de la bodega del mismo nombreMientras esperaba que mi hijo y compañero de aventuras por el Maule, terminara su jornada laboral, se dejó caer sobre Talca una ventolera de padre y señor nuestro, que amenazaba con llevarse volando la casa en la que me encontraba. Incluso pensé que el viaje que habíamos planeado hacer hasta la viña González Bastías, usando el camino que bordea la ribera norte el río Maule, tendría que posponerse y esperar una nueva oportunidad.

Pero decidimos probar suerte, y una vez que enfilamos hacia Pencahue y tomamos dirección hacia la costa, el viento dio paso a una lluvia deliciosamente refrescante y limpiadora. Era la primera del año y la primera tras muchos meses de sequía. Una lluvia que en cosa de minutos llenó el ambiente de aromas a tierra húmeda y le La confluencia de los ríos Maule y Loncomilla, camino hacia González Bastías, en medio de una sorpresiva lluvia de veranodio al serpenteante y difícil camino de ripio por donde íbamos un encanto inolvidable. Pasamos por lugares de belleza inigualable, como el punto donde al Maule se le unen los ríos Claro y Loncomilla, y pueblos como Curtiduría, perdidos entre cerros y bosques, en los que las huellas del terremoto de 2010 todavía son visibles. Sus antiguas casas de adobe no han sido reparadas, pero siguen hablando de un pasado de refinamiento en sectores que hasta hace muy poco eran alcanzables solo por tren o por medio de la navegación fluvial.

Conocí a José Luis Gómez Bastías, el dueño de la viña González Bastías, en uno de los primeros eventos de los Chanchos deslenguados, la feria en la que productores independientes de vinos naturales exponen y venden sus botellas. Aparte de que me gustaron sus vinos, él me pareció una bellísima persona. En una de José Luis Gómez Bastías nos muestra su pequeña y sencilla bodegaestas presentaciones nos pusimos de acuerdo para concretar una visita a sus tierras, un asunto nada de fácil, puesto que allí, en la punta del cerro donde tiene su casa y su bodega, hay varios kilómetros a la redonda donde las comunicaciones por teléfono o internet son inexistentes. Avisar que íbamos algo atrasados no era una posibilidad, por lo que solo quedaba confiar en que funcionara la telepatía…

¡Y funcionó! Porque cuando llegamos a la estación que lleva en el nombre su segundo apellido (antes se Unas cuantas barricas muy usadas y una enorme tinaja es lo que emplea José Luis Gómez para la guarda de sus vinosllamaba Infiernillo…), bautizada así en honor de su pariente el poeta Jorge González Bastías, allí estaba ese hombre encantador y tierno para cruzarnos el río Maule en bote y llevarnos hasta donde están sus viñedos, su casa y su bodega. Tuvimos la suerte de que la lluvia amainara y que las nubes se disiparan, dejando al descubierto los cerros de los alrededores, tapizados de bosques de pino en los que todavía se podían ver huellas de los últimos incendios forestales ocurridos de la zona. Pero desde el quincho-mirador, donde la familia recibe a los En la bodega González Bastías las uvas son despalilladas en zarandas y vinificadas en dos lagares de cementovisitantes, el panorama es simplemente sublime, abarcando el río, que allí es ancho y corre con mansedumbre, y los antiquísimos viñedos de cepa país y moscatel negra de José Luis.

La pequeña y sencilla bodega González Bastías –de paredes de abobe, con dos lagares de cemento en los que se utilizan las tradicionales zarandas para despalillar la uva– es un ejemplo de buen uso del espacio. Allí no hay estanques de acero ni controles de temperatura de los procesos. Pero José Luis es Las centenarias parras de cepa país de los viñedos de González Bastíasenfático en decir que toda la atención está puesta en mantener escrupulosamente el aseo del lugar. Y no podría ser de otra manera en vinos a los que no se les agregan sulfitos para asegurar una mejor conservación.

José Luis Gómez Bastías produce unas 5.000 botellas al año, principalmente de cepa país, buscando darles valor a sus viñedos centenarios, que entregan poca carga y que son labrados con caballo, como se hacía antes. Además de Salvaje, una mezcla de país con moscatel negra, sus vinos más distintivos son Matorral, 100% país, cuya versión 2010 resultó riquísima, con notable evolución y lindo color, y País de tinaja (“embotellado en menguante”, según se precisa en la etiqueta), que vinifica en una sola gran partida y en una enorme tinaja de greda.

José Luis Gómez Bastías llevándonos en bote a través del río Maule hasta su bodegaEste apasionado viticultor elabora sus vinos exactamente igual como vio que lo hacían su abuelo y su padre. Y así se exportan a diferentes partes del mundo, donde los vinos naturales como estos son hoy especialmente apreciados. Pero también se pueden adquirir en su bodega. Para llegar a ella hay que viajar en auto o en tren (vía ramal Talca-Constitución) hasta la estación González Bastías, y luego cruzar el Maule en bote, previa coordinación con José Luis a través de su correo electrónico jlbastias@gmail.com. Puede que demore en contestar, pero lo hará. Y no tenga temor de atravesar el río en tan elemental medio de transporte. Es un sector de aguas tranquilas que no reviste ningún peligro. ¡Se lo dice alguien que hizo el recorrido de regreso, ya tarde, con la luna como única fuente de iluminación…!

(Fotografías de Harriet Nahrwold)

Lecturas de fotografías desde arriba:
N° 1: Estación ferroviaria González Bastías, en las cercanías de la bodega del mismo nombre.
N° 2: La confluencia de los ríos Maule y Loncomilla, camino hacia González Bastías, en medio de una sorpresiva lluvia de verano.
N° 3: José Luis Gómez Bastías nos muestra su pequeña y sencilla bodega.
N° 4: Unas cuantas barricas muy usadas y una enorme tinaja es lo que emplea José Luis Gómez en la elaboración de sus vinos.
N° 5: En la bodega González Bastías las uvas son despalilladas en zarandas y vinificadas en dos lagares de cemento.
N° 6: Las centenarias parras de cepa país de los viñedos de González Bastías.
N° 7: José Luis Gómez Bastías llevándonos en bote a través del río Maule hasta su bodega.